Llegamos ahi por cosas del destino (y del Universo), ya que no era uno de los lugares escogidos al inicio del viaje. Por cosas de trenes y conexiones, averiguamos qué había de interesante en Amritsar, y resultó ser una de las experiencias que más me han marcado.
El Templo Dorado es de la religión Sikh, aquellos hombres que van de turbantes y túnicas coloridas con largas barbas, tan atractivos por su misticismo y ojos negros. Es aquí de donde nació el Kundalini Yoga, siendo Guru Ramdas el que hizo construir el Templo. Es el lugar de mayor peregrinación de los Sikh y es un lugar mágico. Lo más bonito es que te acogen por todos lados: te dan alojamiento gratis (los turistas con habitación especial) y comida durante todo el día, llegando a alimentar a 30.000 personas diaras.
La cantidad de gente en el templo era impresionante, sobre todo al momento de ir al comedor. Te dan tu bandeja, te sientas en el suelo de un salón enorme lleno de gente y esperas a que te sirvan la comida, la que recibes con agradecimiento y el corazón abierto. Para recibir los chapatis (panes típicos indios) debes poner las dos manos en señal de humilad y gratitud, muy bonito. Éramos las únicas extranjeras en ese momento, pero nos sentimos como en casa, acogidas y felices. La energía que circulaba era hermosa.
Luego recorriendo el templo, la energía era aún más intensa. Todos los devotos haciendo reverencias, ofrendas, encendiendo las velas, dándose baños sagrados, etc. sin mencionar la música celestial que se escucha por todas partes, con variados mantras, los que supimos más tarde, son cantados durante las 24 horas del día y en vivo.
Otro detalle que amamos fue el Prasaad o regalo de Dios, que es una ofrenda de algo dulce, siendo un manjar maravilloso.
Nunca me había sentido tan bien en un lugar que no tuviera nada que ver con mi cultura. La generosidad y entrega de los Sikh es digno de admirar. Es la manera que tienen de buscar la iluminación y para acercarse más a Dios, pero sea cual sean los motivos, es un acto de amor y compasión, que todos deberíamos imitar al menos una vez en la vida.
Dan nebat,
Sat Nam.



